El Índice del Dólar estadounidense ha pasado de una fase tendencial a un movimiento lateral, aplanándose en una consolidación. A comienzos del año pasado vimos un impulso claro (tanto al alza como a la baja), pero ahora el rango se ha estrechado y los canales de tendencia habituales se han aplanado. El mercado parece comprimido, como si estuviera en una “zona de decisión”, sin ruptura ni quiebre: solo tensión acumulándose…
La próxima inclusión de Walmart en el índice Nasdaq-100 puede sonar como un ajuste rutinario del índice, pero supone un cambio estructural significativo en el mundo de los mercados bursátiles. Esto es más que un titular sobre un minorista entrando en un índice dominado por la tecnología. Los cambios en los índices suelen parecer técnicos, pero pueden representar transformaciones más profundas en el liderazgo del mercado, la composición sectorial y el comportamiento de los inversores. La pregunta central es sencilla: ¿por qué importa ahora que un gigante tradicional del consumo se una a un índice centrado en la tecnología?
La primera semana completa de negociación de 2026 se desarrolló con un telón de fondo macroeconómico estable y con cambios limitados en las expectativas sobre los bancos centrales. Las señales de política en las principales economías se mantuvieron en línea con los mensajes de finales de diciembre, reforzando una sensación de continuidad más que de transición.
El dólar estadounidense ha entrado en una fase de indecisión. Las expectativas sobre los tipos de interés están cambiando, los datos de EE. UU. se han suavizado y el sentimiento global parece cada vez más reactivo que direccional.
Tras el choque inflacionario de 2022 y 2023, las presiones sobre los precios finalmente han comenzado a enfriarse. La inflación no ha desaparecido, pero se ha desacelerado, y esa fase se conoce como desinflación. Los precios siguen subiendo, solo que no al ritmo que inquietó a los hogares, a los responsables de política y a los mercados hace un par de años.