Fue una semana que invitó a los inversores a mirar más allá de los titulares y centrarse en lo que realmente importaba. En Estados Unidos, el Tribunal Supremo anuló un conjunto de aranceles bajo autoridad de emergencia, aliviando brevemente parte de la presión sobre los costes de importación, pero la administración se movió rápidamente hacia un nuevo paquete de gravámenes generales. El resultado fue una imagen mixta más que un giro claro, con los mercados sopesando la posibilidad de cierto alivio ahora frente al riesgo de una presión renovada más adelante. Al mismo tiempo, los acontecimientos entre EE. UU. e Irán oscilaron entre conversaciones diplomáticas en Ginebra y noticias sobre el despliegue de activos militares adicionales hacia la región, una combinación que mantuvo una prima moderada en los precios del petróleo sin alterar el sentimiento de riesgo general.
Fue una semana que recompensó la paciencia. En EE. UU., el IPC de enero subió un 0,2 % intermensual y un 2,4 % interanual; una lectura más suave que señala que la desinflación sigue en curso. El informe de empleo, publicado a mitad de semana en lugar del viernes, apuntó a una desaceleración sin colapso, manteniendo la atención en hasta qué punto pueden aliviarse los precios antes de que el crecimiento se enfríe. Estas señales empujaron a la baja los rendimientos de los bonos y estabilizaron el sentimiento de riesgo general.
La semana se desarrolló en un contexto de señales económicas mixtas y posturas de política cautelosas por parte de los principales bancos centrales. En Estados Unidos, el cierre temporal del gobierno impidió la publicación del informe de Situación del Empleo de enero según lo previsto, dejando a los inversores sin uno de los datos más seguidos de la semana. La Oficina de Estadísticas Laborales confirmó que la publicación se reprogramará una vez que se restablezca la financiación. Esto generó un entorno informativo más tranquilo, con los mercados apoyándose más de lo habitual en encuestas y en la orientación de las empresas.
Los mercados pasaron la semana equilibrando dos fuerzas ya conocidas: lo que los bancos centrales están dispuestos a decir y lo que los datos sugieren de forma más silenciosa. El principal punto de referencia fue la decisión de la Fed en enero, en la que los responsables de política mantuvieron sin cambios el tipo de interés en el rango de 3,50% a 3,75%. En su comunicado, la Fed reiteró que el crecimiento se ha estado “expandiendo a un ritmo sólido”, señaló que las ganancias de empleo se han “mantenido bajas”, con la tasa de desempleo mostrando “algunas señales de estabilización”, y afirmó que la inflación sigue siendo “algo elevada”.
El sentimiento de los inversores estuvo marcado por señales macroeconómicas estables (sin aceleración) y por un mercado cada vez más descontando inercia en la política monetaria. En EE. UU., la inflación se mantuvo contenida (IPC de dic. ~+2,7% interanual; subyacente ~+2,6% interanual), reforzando las expectativas de que la Fed es poco probable que cambie las tasas en su reunión de enero. Con los datos de crecimiento generando solo sorpresas moderadas (en lugar de un impulso persistente al alza o a la baja), los mercados siguieron tratando el panorama a corto plazo como “estable pero no fuerte”, lo que mantuvo acotado el apetito por riesgo y fomentó un posicionamiento selectivo en lugar de una exposición generalizada risk-on.